La teoría de las ventanas rotas y el estado de la residencia abandonada de Santa Pola

By Conviure - julio 23, 2018

1. Giuliani y la “teoría de las ventanas rotas
En los años 90, el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, aplicó en su ciudad una teoría sociológica, la “teoría de las ventanas rotas”, que relacionaba el estado de las edificaciones del entorno urbano con los índices de actos delictivos. No tenía nada que ver el hecho de que el barrio fuera de ricos o pobres. El énfasis de esa teoría recaía en el estado material y visible de determinados aspectos del mobiliario urbano (ventanas rotas, fachadas totalmente grafiteadas y sucias, o también un coche abandonado, una calle aunque fuera pequeña sin iluminar, una acera deteriorada y sin arreglar durante años, etc.).

Básicamente, la teoría de las “ventanas rotas” venía a decir que si se rompe el vidrio de una ventana en un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás, y que como consecuencia, eso será un foco de atracción de la delincuencia, así como de actos insalubres de todo tipo. Incluso jóvenes y niños y niñas, no hablemos ya de delincuentes, encontrarán en esos espacios una vía de acceso a actitudes peligrosas para su integridad física y psicosocial. 


Giuliani había comprobado lo mismo: en aquellos lugares de la ciudad donde había edificios abandonados con los cristales de las ventanas destrozados, solares sin cuidar, calles sin iluminar o sucias, e incluso la presencia de un coche abandonado; en esos lugares, se detectaban los “puntos críticos” delincuenciales, aunque esos espacios se encontraran en barrios de clase media o acomodada. Había que resolver el problema, porque la seguridad y el bienestar comunitario no son situaciones que puedan aplazarse por circunstancias administrativas, por ejemplo, relacionadas con esos espacios. 

Fue entonces cuando el alcalde Giuliani, puso en práctica una política de “tolerancia cero”, urgente, con el deterioro en esos solares y edificios, públicos o privados, pero también en las calles, promoviendo acciones específicas para generar el efecto contrario: “lavó” la cara de esos enclaves, ya sea facilitando iniciativas privadas o con inversión propia del Ayuntamiento; limpiezas, refacciones, mayor iluminación hacia los lugares críticos; y el resultado fue sorprendente, pero lógico. El solo hecho de mantener esos espacios con esas cualidades, sin necesidad de aumentar la presencia policial (con los controles rutinarios), hizo que los índices de actos delictivos en esos lugares y los riesgos de extenderse al entorno colindante disminuyeran, para agradecimiento de la comunidad vecina, puesto que veían como su sensación de seguridad y habitabilidad mejoraba. Además, la presencia estética externa del entorno se volvía adecuada: mucho más atractiva de cara al vecindario, a personas visitantes y a turistas. Evidentemente el bienestar urbano volvía a ser la premisa. 

No sabemos en el caso de Nueva York que hubiera pasado si además en esos espacios se hubiera dado la posibilidad de generar paralelamente servicios a la comunidad. Si en un edificio abandonado se hubiera habilitado, ya fuera una parte u otra, para por ejemplo ofrecer espacios de cuidados y/o servicios de acogida para personas mayores que lo necesitaran de la comunidad o del barrio, o en el caso de un pueblo, para el municipio en general. No lo constatamos en la situación citada, pero sí hay muchos otros casos, por ejemplo lo sucedido en Can Vies en Barcelona que arroja claridad documental sobre el tema, o en “El patio Maravillas” de Madrid, o, recientemente, en “La Molinera”, de Valladolid. En todos los casos se repite: si lo deteriorado se arregla, se mantiene, y además hay una proyección de servicio a la comunidad, la vecindad lo vive como un crecimiento del bienestar colectivo. Es más: si se permite que la misma ciudadanía adopte una postura activa y participante en la gestión de la situación de esos espacios abandonados, el resultado es que además se convierten en “Centros recuperados”, se sienten como propios, dan vida al entorno, y lo fortalecen desde un punto de vista no solo sociosanitario, sino también cultural y artístico. 

2. El abandono de la residencia para cuidados de personas mayores en Santa Pola y la “teoría de las ventanas recuperadas” 

Santa Pola no es Nueva York, Madrid o Barcelona, pero “la teoría de la ventanas rotas” funciona igualmente. Lo hemos visto en la residencia para personas mayores abandonada de Santa Pola. Desde 2014, ese espacio deteriorado ha venido atrayendo acciones vandálicas, y perjudicando al vecindario y al municipio. Probablemente fue algo así: después de su abandono, se empezó con una piedra lanzada para romper una ventana, y se ha terminado con destrozos generales y robos de materiales. Estamos ante un espacio defenestrado de casi 1000 metros cuadrados, 900 de ellos edificados, si los cálculos no engañan. Por ello, no caben pretextos para decir que son las partes en litigio las que tienen que responsabilizarse de la seguridad del lugar, porque lo cierto es que no se ha hecho, ya sea alegando cuestiones de propiedad o de viabilidad, o de las circunstancias del proceso en litigio. Lo que está claro es que un espacio de esas dimensiones abandonado y deteriorado es un elemento que atenta contra la salud comunitaria. Era urgente intervenir y mostrar que era posible, al menos como primer paso, dejar la presencia externa limpia y libre de objetos peligrosos. 

Eso como principio, porque otro de los objetivos era también ofrecer una jornada lúdico-festiva, una vez limpia la extensión de la explanada de la entrada, y acordonada la zona edificada, así como señalizados los puntos peligrosos, para permitir que la vecindad conociera detalles de los objetivos manifiestos de la plataforma Conviure y que ahora pueden encontrarse en su página web, www.conviure.org

Desde Conviure además pretendemos que nuestra acción sea constituyente, por eso buscamos apoyos, no permisos. No se trataba meramente de hacer un ejercicio “simbólico” de limpieza para llamar la atención sobre un espacio, que también, sino poner en práctica un ejercicio cívico de responsabilidad y participación vecinal en aquellos espacios que si no son atendidos, suponen una vulneración de las condiciones de vida digna del municipio. Porque no es solo el edificio el que se deteriora sino también el barrio que lo rodea. 

Por eso, Conviure no nace con vocación de Batman. De resolver aquellas cosas que no alcanza a hacer el gobierno municipal. Conviure es una palabra proyectiva, surge de un sueño compartido por un grupo de personas, venido desde el suelo real del día a día donde laten las carencias y las posibilidades: lo que queremos es crear un pulmón de regeneración socio-cultural para el pueblo, desde una perspectiva intergeneracional y con el foco puesto en los cuidados y el envejecimiento activo. Y ese lugar recoge ese sueño. Sólo había que ponerse en marcha. ¿Y cómo lo hacemos? 

En Conviure aplicamos la “teoría de las ventanas recuperadas”. Por cada ventana recuperada se abre una puerta de posibilidades. De hecho, los sueños se hacen realidad de dentro a afuera, y no a la inversa. No se puede licitar un espacio mirando de lejos en una oficina con aire acondicionado, y pensar que de ahí vaya a salir algo participativo y comunitario. Las licitaciones, la experiencia así lo demuestra, únicamente sirven para hacer negocios, para convertir los espacios comunes y los bienes compartibles del pueblo, en fondos de inversión. Eso fue lo que le pasó a esa gran residencia para personas mayores. Las grandes empresas utilizan los servicios sociales como mediaciones para ganar dinero. Son meros gestores con buenos departamentos de marketing, pero nada más. Cuando el dinero se ha ganado y la curva de rentabilidad entra en declive, el negocio se cierra y con la música a otra parte. Pero lo social se derrumba con ello y lo que quedan son grandes cadáveres de cemento edificado: el problema más grave es que se instrumentaliza la base de la sociedad, sus derechos vitales. Y quien sufre las consecuencias de ese manoseo lucrativo son las vecinas y los vecinos que ven como los espacios urbanos se echan a perder sin que nadie haga nada para evitarlo. 

Plataforma Conviure, para la recuperación sociosanitaria y cultural del complejo residencial de cuidados para personas mayores abandonado de Santa Pola.

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1 comentarios

  1. leyendo esta teoría la cual comparto totalmente quiero resaltar lo importante de conseguir apoyos y no permisos por eso os quiero contar lo que me pasó anoche.
    salía del cine y bajaba por la plaza "Conviure" mirando nuestro proyecto con mi cabeza llena de sueños, cuando escucho a una pareja que venía detrás que dicen:
    fíjate que pena de edificio con lo bien que estarían los abuelos ahí que sitio tan bonito... y tan cerca del mar, unos vecinos se metieron porque lo quieren arreglar pero la policía los echó... que pena... porque mira lo grande que es! se detienen a mirar... debe haber mucho espacio... pero hay luces? y si, se deben meter a robar...
    en fin, me presenté y les dije que era de la plataforma Conviure y les conté cual era nuestro objetivos nos pusimos a charlar sobre lo bueno que sería poder poner el proyecto en marcha.
    conclusión: les pareció una gran iniciativa, nos desearon mucha suerte y todo su apoyo!
    quería compartirlo con vosotros porque los éxitos fueron sueños al principio y compartidos son mejor!

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